1 papa mediana hervida y pelada
1 taza de harina (puede ser más o menos según la humedad)
1 huevo
Sal y pimienta a gusto
Para la salsa:
100 g de queso azul (o roquefort, si te va lo intenso)
200 ml de crema de leche
1 cucharada de manteca
Nuez moscada (opcional)
¡Manos a la obra!
Hacé el puré de remolacha y papa. Triturá la remolacha junto con la papa hasta obtener un puré suave. Si no querés que los ñoquis queden demasiado húmedos, escurrí bien la remolacha antes de procesarla.
Sumá la harina y el huevo. Agregá el huevo, la sal y la pimienta. Incorporá la harina de a poco, mezclando con suavidad hasta formar una masa tierna. No amases demasiado, porque pueden quedar duros.
Formá los ñoquis. Hacé rollitos con la masa y cortalos en trocitos. Si te sentís pro, podés marcarlos con un tenedor para darles textura.
Cociná los ñoquis. Llévalos a una olla con agua hirviendo con sal y esperá a que suban a la superficie (es la señal de que están listos).
Prepará la salsa. Derretí la manteca en una sartén, sumá la crema y el queso azul en pedacitos. Revolvé hasta que todo se una en una salsa cremosa. Agregá una pizca de nuez moscada si querés darle un toque especial.
Uní todo. Mezclá los ñoquis con la salsa y serví bien caliente. Si te gusta, sumale unas nueces picadas o un toque de rúcula fresca.
Y ahí lo tenés, un plato de ñoquis que parece de restaurante, pero que en realidad hiciste en menos de una hora.